La relación entre el PIB y el empleo

En aquellos casos en los que el ciclo económico depresivo previo ha sido muy intenso, cabe la posibilidad de que la ocupación avance a tasas similares a las que lo hacía la producción en las primeras etapas de un ciclo económico expansivo.

Esto se traduce en que el ajuste previo del empleo habría sido superior al que necesitaba la economía, reduciendo las empresas en exceso sus plantillas, y recibiendo el fin de la crisis haciendo gala de una euforia que inevitablemente acaba por repercutir en una contratación igualmente exagerada. En este sentido, resulta razonable que el empleo se active con un crecimiento del PIB más modesto del que precisaban periodos anteriores a la crisis. Esto se debe a que las reformas normativas en todo momento han ido encaminadas a abaratar el coste del factor trabajo, tanto en lo que respecta a los salarios como a los despidos, pasando también por las cotizaciones.

En este sentido, puede afirmarse que la alta intensidad en la generación de nueva ocupación a menudo funciona como un dinamizador de la propia demanda. Esto es así, independientemente de la naturaleza temporal de los contratos y los niveles bajos de remuneración. ¿Cuál es pues la explicación lógica para que el empleo crezca más que la producción? Que se lleva acabo a costes muy inferiores a los del ciclo alcista, puesto que si fueren iguales a aquéllos, se estaría produciendo una pérdida alarmante de productividad-coste del factor trabajo, que solo podría corregirse de nuevo con ajustes ulteriores del empleo.

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